Cómo se aprende de verdad
Este año he ayudado a formar a más de 4.000 profesionales. Y te confieso algo que me costó aceptar: la mayoría de esas sesiones, por sí solas, no sirven de mucho.
He visto salas y pantallas llenas de gente asintiendo. Y, una semana después, casi nadie sabía responder a lo más básico de lo que habíamos visto. No es culpa suya: una sesión de Teams es un arranque, no una formación.
Lo que de verdad cambia las cosas es lo que viene después. Y hay algo que me ha funcionado mejor que nada: acompañar cada sesión de un pequeño test. Tres o cuatro preguntas al terminar, sobre lo único que de verdad importaba. Sin nota, sin trampa. Solo para que la cabeza vuelva a pasar por ahí.
Parece naif, pero funciona. Lo que se evalúa, se recuerda. Lo que solo se cuenta, se olvida.
Y da igual el canal: lo he hecho en remoto y en persona, con públicos muy distintos. La diferencia nunca estuvo en la herramienta, sino en la continuidad y en tener una forma sencilla de comprobar que algo había quedado.
Enseñar no va de soltar información. Va de conseguir que se quede.